IMPORTANCIA DEL ENTRENAMIENTO DE LA FUERZA

IMPORTANCIA DEL ENTRENAMIENTO DE LA FUERZA

Capacidad de producir tensión en la musculatura al activarse, o como se entiende habitualmente, al contraerse”, González-Badillo (1995); “Capacidad que tiene un grupo muscular para generar una fuerza bajo condiciones específicas”, (Verkhoshansky (1999); “Capacidad de vencer u oponerse ante una resistencia externa mediante tensión muscular”, (Zatsiorsky (1995).

Distintos autores, distintas definiciones, sin embargo, todos ellos tienen en común en su definición el concepto “capacidad” y es que eso es la fuerza, una capacidad física básica tan importante en nuestra vida diaria como en el rendimiento deportivo. Por eso mismo uno de los mayores errores que se pueden cometer es no incluirla en nuestro plan de entrenamiento.

Aunque muchas veces no nos demos cuenta, la fuerza está presente en la mayoría de los gestos cotidianos que realizamos a lo largo del día: levantarse de una silla, subir las escaleras (los que usáis el ascensor cuando apretáis el botón, eso sí, deberíais considerar usar las escaleras de vez en cuando), al entrar o salir del coche, lavarse los dientes…y por descontado que dentro de las actividades deportivas siempre estamos aplicando fuerza, cuando damos una zancada, una brazada, una pedalada …

Durante años ha existido la creencia de que el entrenamiento de la fuerza era únicamente el realizado en el gimnasio y que tenía como objetivo el aumento de la masa muscular, asociado en la mayor parte de los casos al culturismo o con fines estéticos y aunque parece que ya se ha roto un poco ese tabú todavía hay quien no lo hace “porque no quiere ganar músculo” “tengo mucho gastrocnemio y no quiero tener más” “no tengo tiempo” “me cansa y luego no ando bien en bici”…

¿y si os digo que todos, en mayor o menor medida deberíamos incluirla en nuestra preparación?

Deportistas de cualquier modalidad deportiva, niños, adolescentes, adultos y ancianos. Si la entrenamos adecuadamente y acorde al objetivo que tengamos vamos a aumentar nuestro rendimiento considerablemente, nuestra resistencia, la velocidad, nos vamos a lesionar menos, nos recuperaremos antes, seremos más rápidos, más eficientes y en el caso de fines que no sean estrictamente deportivos también vamos a mejorar y/ó mantener nuestro estado de salud (esto incluye fatigarse menos al jugar con vuestros hijos, al subir unas escaleras, en el caso de una persona mayor hasta poder no tener que ser dependiente).

Con todas las bondades que os cuento acerca de la fuerza parece extraño que no corramos todos como locos a trabajarla para lograr todas esas cosas ¿no? Pero ¡cuidado! porque si hacemos las cosas precisamente a lo loco es cuando puede ser que todo lo anterior no sirva para nada y estaréis pensando que os he engañado vilmente. Por ejemplo:

¿Alguna vez habéis empezado a correr después de mucho tiempo y habéis tenido que parar al momento pensando que no tenéis la resistencia suficiente (en muchos de esos casos esa primera fatiga que aparece es debida a una falta de fuerza, por fatiga muscular)? O peor aún, después de años sin hacer nada ¿habéis querido volver a correr los 10 KM que corristeis la última vez y o no habéis durado más de 5 minutos o habéis quedado tan destrozados que en una semana no volvisteis a moveros? ejemplos como estos hay cientos y muchas veces desembocan en sentimientos de frustración que conllevan al abandono de la actividad. En cambio, de haber llevado una correcta planificación tanto del entrenamiento de la fuerza como de vuestra especialidad y una progresión lógica lo más probable es que no hubierais tenido que pasar por una situación así.

A ver si os suena esto, porque yo no tengo dedos en las manos para contar las veces que he escuchado “voy a empezar a correr y cuando me ponga en forma ya podré a ir al gimnasio (esto seguramente habría que hacerlo al revés o simultanearlo desde un principio)” o “corrí sólo 5 minutos y tuve que parar porque se me subió la bola” etc. Aunque alguno de estos ejemplos sumados a los del párrafo anterior no tienen porque ocurrir solamente por no trabajar la fuerza y simplemente puede ser por empezar demasiado rápido ó (aprovecho para volver a meter una de mis citas preferidas) por “querer hacer demasiado, demasiado pronto” seguramente si hacemos las cosas con sentido y sin prisas podemos evitarlos.

Estamos a principios de temporada (en caso de que no estés leyendo esto en marzo o en abril claro) y aunque deberíamos mantener el entrenamiento de fuerza a lo largo de todo el periodo de entrenamiento (no es el objetivo de la entrada de hoy hablar de las distintas manifestaciones o tipos de fuerza pero si quiero aclarar que según el momento en el que nos encontremos habrá que aumentar/reducir volumen, intensidad,frecuencia…) es ahora cuando debemos sentar los cimientos, las bases que nos permitan incrementar las cargas progresivamente sobre las que en el futuro se apoyará el entrenamiento más específico y competitivo, es decir, ahora mismo tenemos que “ENTRENAR PARA ENTRENAR”.

Insisto, os sorprendería enormemente lo que elevaríais vuestro rendimiento entrenando la fuerza, no sólo en relación a las propias ganancias de fuerza obtenidas, sino que además por la prevención o ausencia de lesiones. Pensadlo, a mayor tiempo sin estar lesionados mayor tiempo dedicado a seguir entrenando y no a tener que detener, reducir la actividad y la planificación.

Si eres nadador debes saber que además de la técnica correcta para poder “empujar” el agua necesitas unos requerimientos de fuerza para aplicar más fuerza en cada brazada, y que aplicando más fuerza (en el punto y momento adecuado) podrás desplazar tu cuerpo a mayor velocidad.

Si eres ciclista y “solamente” te dedicas a pedalear y a pedalear también te interesa saber que a mayor ganancia de fuerza y aplicada sobre el pedal, mayor potencia, mayor velocidad, mayor número de kilómetros y retraso en la aparición de la fatiga.

Si lo tuyo es correr, que a diferencia de los dos deportes anteriores se produce un impacto directo contra el suelo en cada paso, correr “no es otra cosa” que aplicar fuerza en cada paso y por lo tanto si aumentamos la fuerza podremos desplazar nuestro cuerpo más lejos y más rápido en cada paso.

Y aunque no especifique con el resto de los deportes ya sean colectivos o individuales, en todos ellos no se debe descuidar el entrenamiento de la fuerza y no sólo por ser más rápido, más fuerte o aumentar nuestro nivel sino también para corregir posibles desequilibrios tanto de fuerza de un lado dominante sobre el otro, como deficiencias o debilidades del cuerpo , asimetrías (un ejemplo claro era el bíceps derecho de Nadal en comparación con el izquierdo hace unos años), etc.

Para finalizar y resumiendo, dejar de lado el entrenamiento de la fuerza es un error que muchos deportistas aún cometen hoy en día, se están perdiendo una mejora enorme de su rendimiento y en muchos casos tampoco requiere tanto tiempo como uno se piensa, os animo a que al menos probéis a incluirla desde ayer en vuestro deporte o vida diaria, el como o de que forma incluirla no es como decía antes objeto de la entrada de hoy pero si de la siguiente donde os ofreceré algunas “pinceladas” o consejos de como hacerlo (os avanzo que no solamente en un gimnasio).

Bibliografía:

https://g-se.com/fuerza-muscular-bp-657cfb26d5ce2b

https://elpais.com/diario/2009/09/13/deportes/1252792820_850215.html

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